Y cada uno regresó a su casa” (Jn 7,53): después de la discusión y todo esto, cada uno volvió a sus convicciones. Hay una ruptura en el pueblo: el pueblo que sigue a Jesús lo escucha —no se da cuenta de cuánto tiempo pasa escuchándolo, porque la Palabra de Jesús entra en sus corazones— y el grupo de doctores de la Ley que a priori rechazan a Jesús porque no obra según la ley, según ellos. Son dos grupos de personas. El pueblo que ama a Jesús, lo sigue y el grupo de intelectuales de la Ley, los líderes de Israel, los líderes del pueblo. Se ve claramente cuando “los guardias volvieron donde los sumos sacerdotes y éstos les preguntaron: “¿Por qué no lo habéis traído?”, y respondieron los guardias: “Nunca un hombre ha hablado así”. Pero los fariseos les respondieron: “¿Vosotros también os habéis dejado engañar? Este grupo de doctores de la Ley, la élite, siente desprecio por Jesús. Pero también desprecia al pueblo, “esa gente”, que es ignorante, que no sabe nada. El santo pueblo fiel de Dios. (Homilía Santa Marta, 28 de marzo de 2020)

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